El machismo hecho ocio, por fin

Nace una nueva forma de negocio: Las guarderías.
Pero os preguntaréis que dónde está la novedad si ya existían con anterioridad las clásicas para niños, las de ancianos (no, los asilos no, guarderías donde dejarlos mientras los hijos trabajan y recogerlos una vez fuera del trabajo) y las de las mujeres (mal llamadas tiendas, jejjeje). Pero como habréis deducido…. faltaban las de hombres.

Y es que… todos hemos sufrido, que levante la mano el que no, los días interminables de compras de trapitos aderezados con una ‘miajita’ de indecisión fémina. Sí, esas caminatas enfundadas en zapatos que arrastramos con desespero son aterradoras, horrorosas hasta para los menos alérgicos, entre los que me incluyo.

Para paliar los efectos nocivos de esas fechas en las mentes masculinas, se están abriendo recintos de ocio, en Alemania y Austria causan furor, en los que poder quedarse bajo vigilancia (habrá que verla) mientras las mujeres de los guardados campan a sus anchas por esas tiendas del consumismo.

Los locales, gratuitos en su entrada, están acondicionados con periodicos y revistas masculinas, consolas virtuales de golf, coches y casi cualquier tipo de deportes, barra para las copitas de rigor (esto habrá que pagarlo, digo yo) … y pantallones para ver los deportes en directo sin que nadie te tilde de egoista por la programación televisiva elegida. ¿quién se puede resistir a esto? Yo no, pero… aquí no hay coñññññññiiiiiiiooooooo.

PD: se buscan socios capitalistas (por si acaso en el país del tute y el dominó, dos deportes de riesgo, no funciona el tema)

Por mi parte, echo en falta un espacio para el apartado musical, pero no me quejaría incluso sin él (para eso con llevarse un ‘aipod’ todo queda solucionado).

Comentarios

Una respuesta a «El machismo hecho ocio, por fin»

  1. Avatar de ozymandias
    ozymandias

    Tengo la increíble fortuna de compartir mi vida con una mujer que detesta ir de compras, con lo cual estas cosas me resultan un poco ajenas…

    ..Claro que ella también tiene la suerte de vivir con un señor al que le importan un pito los gustos habituales del clásico macho alfa… Empatados estamos.

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