Experiencias de un concierto: el U2-disfrute

Llegamos a la carrera, subiendo apresuradamente el graderío. Un escalón, un giro de cabeza al escenario, un escalón, un vistazo al número de fila por el que íbamos. Repetimos ciclo.

Por fin llegamos al sitio. Ocupado, por supuesto. Me acerco a la persona ‘okupa’ con cara de ‘no me hagas esto hombre’. Le hablo pero no me entiende porque está más centrado en decirme algo. Yo no le entiendo porque estoy más centrado en enseñar la entrada para demostrarle que es nuestro sitio. Como no nos aclaramos, nos gritamos al oido y el gana: ‘que sí, que sí, que seguro que llevas razón pero no te muevas, que le vas a pegar una patada a las cervezas y no es plan’ XDDD. En ese momento no entendí esa frase. Cuando me dijo Encarni (la señora de uno. A sus pies) lo que le habían cobrado por cada uno de los cubiletes cerveceros… entendí al pobre chaval. 9€ por un cubito de cerveza de barril roza el acto cuatrero.

Se van los chavales a rellenar nuevas sillas de plástico sin dueño aparente. Un trayecto nómada hacia ningún lado, que acabaría en el pasillo de uno de los vomitorios del estadio. Pobres, me calleron bien. Su defensa de lo realmente importante es digno de alabe, jejej.

Nuestro grupo de seis se había dispersado por todo el estadio (los teníamos rodeados, jejeej), pero por suerte en mi emplazamiento aun quedábamos tres: mi señora, un servidor y un amigo que curiosamente ya había estado en el inicio de gira de U2 en Barcelona. Me vino de perlas además de por las tonterías que decíamos, porque me iba chivando detalles de interés y modificaciones a la idea primitiva.

LLegan nuestros vecinos de fila. Tres pijos tres de la ganadería del Lagarto&Caballo que parecían sacados de ‘El show de Truman’. Sosos e intimidados como pocos que no deben estar acostumbrados a juntarse con la plebe. En el concierto de Bruce en Granada también nos tocaron delante un grupete de pijos ya talluditos, pero estos al menos sacaron una bandejita de minidulces que nos ofrecieron con amabilidad y mucho arte mientras bebían cubatas en tubos de plástico. Todo muy rockero XDDDD.

Es la hora y la gente aumenta el murmullo. Algo pasa. Sube el volumen general de la música pero, en teoría, no debería ocurrir nada porque lo que está sonando es el Space Oddity de Bowie. Esa reflexión demuestra que no soy tan fan como suponía. Por lo visto esa música avisa de que U2 está entrando en el estadio y que por tanto empieza el concierto.

¿Alguien esperaba una entrada apoteósica desde el cielo o desde el interior del escenario? Nada, nada. Nosotros somos U2 y entramos al más puro estilo del oeste en OK Corral: andando con aires de ‘sobraos’, mirando al frente y sin saludar. Los menos divos sí giran la cabeza muy de vez en cuando, jejjeje.

Al llegar al escenario…. ¡¡¡empieza el concierto!!!!
No, tranquilos, no os voy a cansar con comentarios de todas y cada una de las canciones. Podeis seguir leyendo 😉

Sí os contaré que entre los porros de nuestro entorno y el efecto hipnótico que posee el alien-escenario, no tuve tiempo nada más que para disfrutar (todo lo que se puede en una grada alta) de un espectáculo digno de ser visto al menos una vez en la vida.

Segundo a segundo el escenario por sí sólo se apropia del protagonismo, hasta el extremo de que si a la mayoría nos hubieran monitorizado de forma individual, fijo que la estadística diría que estuvimos más tiempo admirando la capacidad camaleónica del artefacto mutante que a los propios músicos.

En sí el concierto fue casi en su totalidad un repaso a los clásicos del grupo. Personalemente tengo que agradecerles que sólo tocaran cuatro canciones del último disco y reprocharles que casi ni pasaran de puntillas por la etapa más discotequera, arriesgada y productiva de su carrera (Achtung Baby, Zooropa y Pop), pero supongo que será por eso mismo, por ser la menos rockera.

En medio del ramillete de grandes éxitos, tuvimos como ‘regalo’ un poquito de política de púlpito, un saludito austronauta ¿en directo?, dibujos animados de marcianitos, micros-volantes (era un volante, no es que volara), un recuerdo a la roja ganadora del mundial (comparación músico/jugadores incluida) y chaquetas llenas de ‘láseres’ rojos apuntando a todos lados. Vamos, que en espectacularidad e imaginación escénica los demás están a años luz.

En eso que termina el concierto en un poco menos de dos horas y ¿alguien esparaba un final apoteósico siendo abducidos por un ovni o desintegrados por rayos del inframundo? Nada, nada. Tal como entraron, salieron. Terminan el repertorio, bajan sus escalerillas y se encaminan al interior del estadio sin volver la vista atrás ni saludar.

Antes de que desaparecieran de la vista del respetable, había más de 30 personas en el escenario recogiendo material. Eso tiene una cosa buena y otra mala. La mala es que te corta el buen rollo del tirón. La buena, que no te planteas que vuelvan a salir con todos los desmontadores en estado ‘termita’, por lo que te encaminas rápidamente hacia la salida con el estrés de ser de los primeros y no pillar cola. ¡Qué ingenuos a nuestra edad! 😉

Corolario particular: Tenía especial interés por ver a U2 en directo, y en especial en esta gira, por dos razones:
  1. La primera era porque un espectáculo tan grandioso (y grandilocuente), para alguien que le gusta tanto la música, es de obligado visionado.
  2. La segunda y más personal es que, a mi modesto parecer (entiendo y respeto otros puntos de vista) sólo U2 podía llegar a hacerle sombra en directo al más grande sobre las tablas: el Boss, Bruce Springsteen.
¿El resultado? U2 es una gran banda con una gran directo y una puesta en escena única. Pero la emoción, vitalidad, ganas de más, cariño, ternura y fuerza que destila Bruce ni se compra ni se monta, se tiene. Y eso… no lo tienen U2, lo siento. ¿Merece la pena ver a U2 en directo? La respuesta es sí. De 0 a 10… un 9. El 10 es sólo reservado a los elegidos. Y eso lo tiene en vena Bruce.

Puede que tú seas uno de tantos a los que no termina de engancharte su música. Haz de tripas corazón y ve a verlo a un concierto. Fijo que cambias de opinión. Si no es así, además de darme un ‘zás-en-toda-la-boca’, podrás comparar en el futuro si los que te gustan son tan buenos como creías.

Todo lo contado anteriormente es bajo mi particular percepción personal, pero convivo día y noche con ella desde hace tantos años… que… no seré yo quien le lleve la contraria. Espero al menos que ella te haya entretenido durante un ratito de tu vida.

Comentarios

Una respuesta a «Experiencias de un concierto: el U2-disfrute»

  1. Avatar de ozymandias
    ozymandias

    En medio del ramillete de grandes éxitos, tuvimos como ‘regalo’ un poquito de política de púlpito, un saludito austronauta ¿en directo?, dibujos animados de marcianitos, micros-volantes (era un volante, no es que volara), un recuerdo a la roja ganadora del mundial (comparación músico/jugadores incluida) y chaquetas llenas de ‘láseres’ rojos apuntando a todos lados. Vamos, que en espectacularidad e imaginación escénica los demás están a años luz

     
     
    O sea, todo lo que no me hace muy feliz en un concierto. Lo que Sí os envidio es esa capacidad de improvisar, coger el camino e irse por ahí a ver un concierto. Yo, que para salir de casa parezco Indiana Jones perseguido por la bola gigante, con un niño encadenado a cada pierna. Gloriosa fue la vez que Montsita me tiró un vaso de agua en el pantalón para que no me fuera.
    En fin, que me alegro.

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