Hace un año ya, paseaba de compras navideñas en compañía de una parte de mi familia política. Entre ellos, el mayor de mis ‘sobrinillos’. Él ausente en su mundo de chavea, lo normal.

En esto que, en mitad de la conversación de mayores, yo nombro en un perfecto ‘andalúh’ a ‘bahhbuni’.
Él sale de su letargo y me dice:

—Ah, pero ¿TÚ lo conoces?
—(yo) Pues claro, eran dibujos anim… (En su expresión descubrí que él acababa de perder todo interés en mi respuesta) …ados de… mi… é..po…ca…

Yo hablaba de Bugs Bunny, él de Bad Bunny.
Fueron dos segundos de complicidad intergeneracional; fueron preciosos.
¡Viva nuestro acento ambiguo!

PD: y sí, conocía a Bad Bunny, pero ya no tenía sentido recuperar la magia, experiencia que, por su puesto, no iba a llegar dándole mi opinión sobre la música que admira: el ‘trap’.

¿A quién prefieres?

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